El que no inventa no vive.

Ana María Matute

jueves, 28 de abril de 2011

A salvo

¿A salvo de qué?


A salvo de amargas victorias.

No conocí la ilusión.


A salvo de engañosos parabienes.

La amistad no se detuvo a mi lado.


A salvo de éxitos frustrados.

Para eso pisé al débil.


A salvo de miserables hallazgos.

La desesperanza distrajo mi camino.


A salvo de vivir sin vivir

una vida que no es mía,

vida prestada que no me pertenece.

Su dueño la reclamará mañana.

martes, 28 de diciembre de 2010

El grito de la tierra


La tierra gritó.
Grito rotundo de remotas entrañas.
Carnes desgarradas que tragan miserias.
Ojos de horror negro que vagan hacia el fondo.

¿Oyes como grita la tierra, hermano?
No tengas miedo.
No sueltes mi mano.
Mi cuerpo te cubre.

La vida se va en cada grieta
y la muerte se agranda en cada breve minuto.
Breves minutos que serán eternos.
Eternos para ti, para mí, para nuestro pueblo.

Que ya no es pueblo.

Manos de lodo,
bocas de muecas dolorosas,
sangre de lágrimas.

Pero tú no llores.
Entrelaza tus dedos con mis dedos.
Así.
Yo soy tu fuerza.

Cada temblor nos sacude, nos agita.
Cada nuevo grito de la tierra
ensordece el caos.
¿Oyes?
Ya está pasando.

Apenas se oyen ya lamentos ni sollozos;
ni muros que crujen,
ni cristales que se multiplican
en pedazos de desolación.

Ya nadie llama a nadie.
Ya nadie llama a nadie
porque nadie oye.

¿Por qué sueltas mi mano?
¿Por qué se alejan tus dedos?

Ya nadie llama a nadie
porque nadie responde.

El invierno de los que nada esperan


Llegaste a mí
vestida de otoño.

Silenciosa,
sencilla.

Sin el ardor primaveral
que altera los sentidos.
Sin el fuego del estío
que suaviza la brisa.

Llegaste a mí
vestida de otoño.

Y yo, como siempre,
me dejé arrastrar
al invierno infinito
de los que ya nada esperan.